Destino de la semana – Río de Janeiro, la alegría de vivir.

Río de Janeiro o la alegría de vivir. Es la definición que mejor se adapta a esta increíble ciudad, un edén con algunas paradas obligatorias que han de visitarse. Hay dos formas de ver Río: en Carnavales y el resto del año. Las constantes vitales de la ciudad, en cualquier caso, son siempre las mismas: buen tiempo ( incluso los inviernos son suaves); bonitas playas y la alegría de vivir de los cariocas, dispuestos al buen comer, al buen beber y a sonreír.De hecho, la ciudad del Cristo de Corcovado ha sabido explotar estas constantes para convertirse, en los últimos años, en la ciudad de moda internacional y acoger dos eventos que marcarán su futuro: el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Y que ya están marcando su presente: obras en carreteras, incremento de la seguridad hasta en las favelas y la reforma de un aeropuerto que hubiero sido obligatoria incluso sin la organización de nada. Por eso, el visitante tiene que armarse de paciencia y pensar que tras sobrevivir al viejo aeródomo, a las carreteras atascadas y a tener que respirar al ritmo que marcan el sol y la humedad, llega el paraíso. Un edén con algunos puntos cardinales que han de visitarse, sí o sí,  para sentirse como un carioca más.

Es imposible imaginarse Río de Janeiro sin sus playas. Cuentan que hace relativamente poco tiempo, los cariocas comenzaron a descender al litoral y debieron de ocuparlo de golpe, porque hoy día, barrios como el de Copacabana o Ipanema se han convertido en el latir más populoso y parada obligada para testar el sabor brasileiro.

Ambas playas, unidas por una suave caminata de unos 15 minutos, os ofrecerán sol, arena, música y ambiente. Mucho más calmada y cómoda Ipanema, al estar menos saturada de turistas y autóctonos. Ahora bien, para tomarse una buena caiipirinha al atardecer, rodeado de artistas monstrando su obra y del ir y venir de Río, el lugar es Copacabana. En ambos lugares encontraréis hoteles de diferentes categorías y callejeando restaurantes desde lo más chic hasta chiringuitos de playa donde engullir pescado frsco, algún marisco y, sobre todo, zumos, cervezas o cualquier combinado con cachaça.

Asistir a un partido de fútbol en el mítico estadio de Maracaná es ya un reclamo turístico más. Resulta divertido para incluso aquellos a los que no les gusta el deporte y podréis observar el que será el estadio olímpico en seis años. En Río siempre hay otra dimensión: la música, el ritmo, la alegría y la frescura de los brasileños, que se multiplica en las gradas y e en el campo.

Nuestra siguiente parada, uno de los barrios más pintorescos de Río de Janeiro, junto al de Santa Teresa, el barrio de Lapa. Merce la pena sacrificar un día de playa sólo para adentrarse en ambos puntos. Mejor empezar en Santa Teresa, en lo alto del cerro, con unas vistas espectaculares de la ciudad, y dejar Lapa para las cervezas y bailes de la tarde noche. Un barrio en pleno centro antiguo de Río, considerado el lugar preferido de la cultura bohemía carioca. Merece la pena visitar los Arcos de Lapa, un acueducto con 42 ojos pintados de blanco, construído en 1750 para llevar agua a la parte alta.

Santa Teresa es esa parte colonial que marca el contrapunto del ruidoso y caluroso barrio de Copacabana. Entre sus calles, el turista descubre el otro Río de Janeiro, el más europeo, el histórico, el artístico. Conectado con Lapa por 215 escalones ( 125 metros de escalera), revestidos de azulejos de distintos colores, tamaños y formas, obra del artista chileno Jorge Selarón. Muchos de los edificios de este barrio se han transformado en talleres de arquitectos, diseñadores, pintores o escultores y en restaurantes de lujo y populares, que mezclan el gusto europeo y los platos más tradicionales.

En Río, el cielo y el mar están comunicados. Además de los cerros que rodean la ciudad, dos picos vigilan su desarrollo; el Cristo de Corcovado, símbolo de la ciudad, y el Pan de Azúcar. Desde ambos disfrutaréis de unas increíbles vistas. La mejor forma de mirar cara a cara al Cristo es con un vuelo en helicóptero, aunque sólo con llegar al pedestal de esta Maravilla del Mundo, se es consciente de la grandiosidad de la estatua y de la propia ciudad.

Enfrente, rivalizando y acompañando, el Pan de Azúcar abre otra perspectiva del Cristo. Casi frente a frente, casi cara a cara con el hombre que todo lo ve en Río, se sitúa esta roca nacida y aislada del mar casi por arte de magia. Para llegar a la cumbre, hay que coger dos teleféricos. No hay que olvidar llevar agua o cualquier líquido en la mochila porque el sol, en las alturas, no perdona. Una vez allí, siéntate en una de sus terrazas, pídete algo fresquito y disfruta del paraíso visto desde el aire.

Este es el destino de esta semana, Río de Janeiro, ciudad increíble y hermosa. Lugar que forma parte de un país que ofrece al visitante una gran variedad de contrastes. Excelente clima, maravillosas playas de arena blanca, maravillas del mundo, ciudades coloniales, selva amazónica, se puede pedir algo más? Yo creo que sí, preparar la maleta, ir al aeropuerto y llevar con vosotros la ilusión de descubrir un país que quedará por siempre grabado en vuestra retina. Como bien dije al principio, Río de Janeiro o la alegría de vivir.

 

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